Si tuviéramos que hacer un ranking relativo a la historia más rara y apasionante de un alimento desde luego que el tomate se llevaría el primer puesto: es una planta que nace en un continente (América) y se hace famoso en otro (Europa) tras múltiples vicisitudes dignas de un cuento tipo Cenicienta, llegando a nuestros días como el rey de los alimentos vegetales, eso sí, con una crisis de identidad digna de estudiar y siendo el 'conejillo de Indias' de todos los laboratorios que compiten por sus favores.
| Pero no quiero desvelar el final de esta historia porque estoy seguro que Vd. que me lee puede pasar un rato divertido conociendo al más desconocido e indocumentado de los alimentos. | |
Yo, por suerte, me encuentro entre esa variopinta legión de 'seudo-sabios' que defienden la andinidad del tomate, algo que he defendido tanto en mi asesoría de la historia de la gastronomía de Europa Latina T.V. que se edita en París, en su artículo dedicado a 'Los cangrejos a la Villedary', que puede ver si presiona aquí y en mi ponencia presentada en la conferencia dedicada al 'Aula de cultura alimentaria a orillas de Ebro', acto auspiciado por el Excmo. Ayuntamiento de Zaragoza y organizado por Slow Food España, celebrado el pasado 17 de mayo de 2007, que llevaba por título 'Que culpa tiene el tomate', así como en mi libro 'Historia de la cocina occidental'. Evidentemente solo con mi palabra no basta para convencer y mucho menos el insulto para imponerme, así que ahora me toca presentar mi tesis para defender mis argumentos.
Aunque es cierto que en las lenguas nativas del Perú, entre ellos el quechua de los incas, no existe una palabra para designar esta fruta, porque es una fruta independientemente que se utilice como una hortaliza, ni tampoco figure en los ajuares funerarios representado en los dibujos de sus mantas, en los que se reflejaba toda la vida cotidiana, no quiere decir que no fuera originario del lugar, sólo nos dice, dentro de la suposición, que no era alimento utilizado localmente y únicamente era una planta salvaje.
Si damos como buena esta hipótesis entonces deberíamos preguntarnos ¿como pudo llegar a Mesoamérica el tomate para ser domesticado si ni siquiera era apreciado como alimento?, todo hace evidenciar que las semillas llegaron llevadas por el viento, los ríos, el mar o algo más simple: transportada en el estómago de las aves en su migración, hecho observado por el jesuita Bernabé Cobo en 1653 en su libro 'Historia del Nuevo Mundo' al contar que ciertas palomas se alimentaban de tomates silvestres que tenían formas de bayas.
Este ignorancia sobre el pasado y domesticación de este alimento se debe en parte a la labor de los españoles en borrar toda la memoria histórica de los aborígenes americanos en su invasión cultural que fue desde la cultural, pasando por la religiosa y terminando en la puramente gastronómica, imponiendo sus costumbres en todo los ámbitos, prueba de ello, en lo referente a la alimentación, lo tenemos desde el segundo viaje de Colón, cuyo cometido fue el enviar semillas y alimentos al gusto europeo en un claro desprecio por la gastronomia de los indígenas (ver mi artículo dedicado a este viaje presionando aquí).
| | Una de las primeras noticias documentada sobre la existencia del tomate la tenemos, como no, de las crónicas de los españoles, en concreto de Bernal Díaz del Castillo el cual cuenta como en el año 1538 fue apresado por unos indios en Guatemala y se lo querían comer, a el y a sus hombres, en una cazuela aderezada con sal, ají y tomates. También este mismo conquistador cuenta sobre las antropofagias rituales de los aztecas en México preparando los brazos y piernas de sus vencidos con una salsa de chimole hecha de pimientos, tomates, cebollas silvestres y sal. |
| | Creo muy importante la aportación de Bernardino de Sahagún porque en América Latina se come en los mercados de abastos y la alimentación que allí se toma es el exponente del gusto de los nativos y un lugar ideal para conocer a fondo la gastronomía del pueblo. Con el tiempo el gusto de los conquistadores se fue imponiendo al indígena y poco a poco va desapareciendo las referencias al tomate, que seguramente se siguieron consumiendo en las casas de los nativos y quizá también en aquella en las que los españoles se casaban o amancebaban con las indias. |
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